En la columna anterior propuse dejar de observar la reciente fusión de los informativos de Caracol Radio como un hecho coyuntural y comenzar a leerla desde una categoría menos visible, pero decisiva: el formato. Allí sugerí que, más que el nacimiento de un programa nuevo, lo que está ocurriendo es la reconfiguración de una arquitectura sonora ya probada. En esta segunda entrega quiero detenerme en el núcleo de esa arquitectura y explicar por qué el formato propuesto por Julio Sánchez Cristo es original, replicable y notablemente resistente a los cambios institucionales.
El primer componente estructural del formato es el conductor. No en el sentido operativo del presentador, sino como figura de legitimidad y mediación. Julio Sánchez Cristo no es solo una voz reconocible: es un actor con capital simbólico acumulado en el sistema mediático, político y cultural del país. Esa legitimidad le ha permitido, históricamente, trasladar a su audiencia entre frecuencias, casas radiales y estructuras programáticas. Lo hizo al pasar de Caracol a RCN, luego al regresar, y vuelve a hacerlo ahora en el tránsito entre La W y 6AMW dentro de la misma cadena.
Ese conductor no opera en solitario. El segundo elemento es un equipo diseñado para cubrir la agenda desde múltiples ángulos, sin perder unidad narrativa. En esta nueva etapa, el programa se apoya en la fortaleza territorial histórica de Caracol, ampliando de forma significativa la presencia regional que tenía en W Radio. Sin embargo, la lógica sigue siendo la misma: muchas voces organizadas alrededor de un tema del día que no se limita a ser enunciado, sino explorado, discutido y conectado con distintas capas de la realidad que incluyen la participación de los oyentes, sello inconfundible de Julio. Este formato ha sido, además, imitado durante años por otras emisoras.
El programa presenta una diferencia clave frente al noticiero clásico. No hay rigidez ni solemnidad excesiva. El recorrido es ecléctico: de lo local a lo internacional, de la política dura a la cultura popular, con una naturalidad conversacional que convierte la información en experiencia compartida. Las noticias no se declaman: se ponen en relación.
Esa ausencia de rigidez no implica desorden. Es, precisamente, lo que permite la hibridación del formato. Reaparece, herencia de 6am, una sección más cercana al radioperiódico tradicional, con lectura organizada de noticias, pero convive con elementos propios del magazín informativo: comentarios superficiales, referencias culturales, música, humor y momentos de distensión que no banalizan la información, sino que la hacen más cercana, dinámica y accesible para la audiencia.
Las primeras emisiones presentaron más baches (silencios o cortes abruptos) de lo común. Más que fallas del formato, fueron señales de un proceso de acople. con el paso de los días se ha ido imponiendo, como anticipé, un regreso gradual a la cadencia característica de La W: mayor complicidad en la mesa, menos formalismo y una conversación más fluida. En ese tránsito se percibe también la ausencia de Alberto Casas, quien si bien se escuchaba cansado en las últimas emisiones de W Radio, fungía como una suerte de sabio en el que se apoyaba constantemente Julio dejando además algunos leitmotiv clásicos del programa.
Más allá del formato, este cambio pone en juego las mediaciones. La audiencia no sigueuna emisora, sino una manera de informarse: un tono, un ritmo y una forma de conversar la realidad. Por eso, en este caso, la fusión no es una ruptura, sino un ajuste gradual que recupera claves reconocibles. El formato es, pues, un pacto de confianza entre quien conduce y quien escucha. Lo que queda por observar no es si funciona, sino cómo esas mediaciones se reordenan cuando la radio deja de ser solo frecuencia y se convierte en experiencia compartida entre aire, red y audiencia. Tema de la próxima columna.
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