Descargue Carmesí

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Carmesí es un libro ilustrado de Microcuentos, disponible bajo licencia Creative Commons 4.0 (CC,BY) escrito por Jorge Urrea. Siéntase libre de Descargarlo y compartirlo

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sábado, 4 de abril de 2020

El Arte del Ridículo



¿Sabe usted lo que es TikTok?

Si esta pregunta se hubiera hecho hace un año lo más probable es que la gran mayoría de los lectores no tendrían idea de lo que se trata, pero hoy, gracias a la cuarentena y la ampliación del tiempo de ocio invertido en el mundo digital esa cifra ha de ser mucho más pequeña. 

Según el portal cocktailmarketing.com.mx 20% de los usuarios de tiktok tienen menos de 19 años, 32% entre 20 y 24 años, 27% de los usuarios son personas entre 30 y 40 años y principalmente jóvenes entre 13 y 18 años son los más activos en esta aplicación.

Desde China llega… Una red social, que no pertenece ni a Facebook ni a Google, que ha crecido de una manera exponencial -como un virus- y que se basa, en mi criterio, en el arte de saber hacer el ridículo. Y no lo digo peyorativamente, no. Lo digo haciendo énfasis en la palabra arte; una gran cantidad de los contenidos compartidos en TikTok son producto del talento de ciudadanos del común que participan sus habilidades artísticas (canto, danza, doblaje) consientes o inconscientes, a más de 500 millones de usuarios en la plataforma.

1980, algún lugar del mundo.

Interior. Casa de familia/sala. Noche
En una reunión de amigos adultos, los padres de una familia convencional llaman a su hija de 13 años para que haga la fonomímica de la canción de moda. La niña, tímida, niega con la cabeza y se esconde tras la esquina de una pared -le da vergüenza-, su padre lanza una mirada profunda, sonríe falsamente a sus invitados e insiste. La niña, sin más opción, va al centro de la sala, iluminada con un tenue bombillo amarillo de 60 vatios y procura repetir lo que originalmente fue una tarea del colegio, sincronizar sus labios con la música de fondo, entre verso y verso la escena va tomando ritmo y de la timidez se pasa a la fluidez, la niña encuentra el gusto y al final… risas y aplausos -el premio del artista- que la motivan a continuar.

La familia de amigos se multiplicó, hay ‘tiktokers’ de más de 40 millones de seguidores y el promedio, en todo caso, es superior al de otras redes sociales. De la sala, como escenario o medio, se pasó a la pantalla del celular, del tenue bombillo a poderosas luces led, porque el algoritmo privilegia los videos bien iluminados y estéticos. Pero el espectáculo… es el mismo: histrionismo, el ridículo convertido en arte, en arte que divierte, que entusiasma, que a amortigua el tedio, que provoca risa, a lo mejor para muchos solo es una forma de llamar la atención de manera superflua, pero, así también es el mundo de la farándula.

El siempre vigente Aristóteles definió la mímesis como el fin esencial del arte, como la representación de la naturaleza a través de la imitación, guardadas las proporciones, eso es tiktok, la mimesis la naturaleza contemporánea, espontanea y desparpajada por eso, hoy, es viral.

domingo, 29 de marzo de 2020

Aguzadas penetraron someramente entre la carne y dejaron correr el líquido viscoso. No hubo más remedio... segarlas. Las espinas pueden hacer más daño que el acero.  

jueves, 26 de marzo de 2020

¿Para qué es internet?



¿Será que llevamos años utilizando internet para lo que NO es? Según la etiqueta (#) propuesta en redes sociales por el Gobierno nacional en cabeza del Ministerio Tic y sus descentralizados del ramo: #UsoInternetParaLoQueEs parecería que las instrucciones de uso, que nunca nos socializaron, dicen que internet es para el teletrabajo y la educación virtual y que NO es para ver videos o cualquier otro tipo de entretenimiento que genere tráfico en la red (música, juegos, memes,etc).

Aunque parece más un problema semántico que de pertinencia real de la iniciativa, no resulta comprensible que el Ministerio de las Tecnologías de la Información y la COMUNICACIÓN, que promueve la economía naranja, priorice unas actividades sobre otras para el uso de la red informática mundial y, menos, que relegue los usos de productos culturales de entretenimiento que son parte fundamental de las industrias creativas.

Es inevitable que en tiempos de cuarentena el consumo de internet se dispare y es un hecho que el ancho de banda disponible es un bien finito que se debe cuidar, en esa medida el llamado al uso racional de internet debe ser a todos los usuarios tanto los ociosos como trabajadores, estudiantes y profesores.   

¿Cuántos de los que están haciendo tele trabajo calientan silla y consumen ancho de banda en videoconferencia para que los vea el jefe mientras en realidad chatean o ven redes sociales? ¿Cuántos estudiantes y profesores se conectan en sincronía para recibir una clase que puede ser reemplazada por lecturas bien seleccionadas y un foro? o ¿Qué tan necesario puede ser para la salud mental de los confinados tener actividades lúdicas en los llamados horarios pico? ¿A dónde queda el discurso de promover las industrias culturales y creativas si en tiempos de crisis son las primeras en ser sacrificadas? 

Mientras, por parte de la institucionalidad,  se invita a los usuarios de la red a hacer un uso responsable -casi como un sacrificio- los operadores han dicho que están trabajando para garantizar el correcto funcionamiento de sus redes y que lo más probable es que no habrá colapso, pero, si no se asume con consciencia la coyuntura, sí podría haber ralentización del servicio. Paradójicamente al mismo tiempo anuncian la ampliación de la velocidad de internet adquirida por sus usuarios y la liberación de canales premium porque, al fin y al cabo, el entretenimiento es fundamental en tiempos de encierro.

Mientras tanto, de acuerdo con la definición del portal lifeder.com, yo #UsoInternetParaLoQueEs: Búsqueda de Información, Comunicación Directa, Contacto en Redes Sociales, Investigación, Educación, Transacciones Financieras y Comerciales, Mercado Laboral, Entretenimiento y Ocio.

Nos vemos en la red (o)

viernes, 20 de marzo de 2020

Dos Caras



La sacó barata la ‘influencer’ Epa Colombia después de destrozar un portal de Transmilenio e incitar a sus más de 800 mil seguidores al desorden social, unjuez consideró que no era peligrosa y la dejó ir para su casa, acto seguido la noticia del generoso fallo pasó a ser de segunda plana, opacada -con justa causa- por la noticia mundial de la pandemia por cuenta del coronavirus.

La diferencia entre un medio de comunicación exitoso y uno que no, es la cantidad de usuarios a los que llega; para los medios convencionales esta medición, llamada rating, además de ser compleja es costosa y, sobre todo, determina el ingreso -en términos de pesos- que le puede significar al medio de comunicación llegarle a X o Y número de personas. Los creadores de contenido sobre plataformas digitales, que a la luz de Manuel Castells son ‘Autocomunicadores de masas’ no sufren por esos datos: las mismas plataformas (redes sociales en términos genéricos) le suministran las cifras, además,  no incurren en grandes costos de producción de contenidos, pero eso si, ambos, plataformas convencionales y digitales, cobran conforme más alto y comprometido sea el número de espectadores, seguidores o usuarios. 

La señora Daneidy Barrera, quien contaba con un importante número de seguidores, muy posiblemente, estuvo motivada por el dinero y por esto causó los daños a las instalaciones públicas y puso en riesgo  la vida de quienes le seguían y de los usuarios del servicio destruido. Su ‘arma’ fue su cuenta de redes sociales y su capacidad de influir en un potencial de 800 mil personas, pero aún así no se consideró un peligro para la sociedad, no importó que, sin pudor y más bien con cinismo e ignorancia se valiera de acciones desmedidas para llamar la atención y de esta forma incrementar el número de seguidores que, en últimas, representan un aumento en sus ingresos, esos que ahora alega no poseer para alivianar la responsabilidad que le corresponde por destruir lo que es de todos.

Infortunadamente este tipo de acciones en busca de más ‘espectadores’ es el común denominador, cunden las noticias falsas que pretenden generar tráfico y las cadenas de especulaciones que se riegan como pólvora. Más la moneda tiene otra cara, a raíz de la necesidad de permanecer en casa para evitar la diseminación del coronavirus, han aparecido una gran cantidad de iniciativas que cumplen el mismo propósito pero, evidentemente, de mejor y más agradable resultado, conciertos de grandes artistas gratis en redes sociales, aperturas de espectáculos como la opera, libros, juegos y aplicaciones digitales disponibles para todos son opciones que hacen visibles a los creadores y que alivianan el peso de días de encierro y zozobra.

Vamos a apoyarlos porque ellos sí lo merecen.

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