Descargue Carmesí

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Carmesí es un libro ilustrado de Microcuentos, disponible bajo licencia Creative Commons 4.0 (CC,BY) escrito por Jorge Urrea. Siéntase libre de Descargarlo y compartirlo

Podcast Común-mente

Común-mente Episodio 1 - Temporada 1

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jueves, 11 de noviembre de 2021

El precio de la palabra

 ¿Cuál es el precio de la palabra? Me preguntaba mientras leía la noticia de dos periodistas: María Ressa y Dimitri Muratov, quienes ganaron el premio Nobel de la Paz por su trabajo para defender la libertad de expresión. 

 

El premio, que fue un mensaje de apoyo para la prensa independiente, puso en cabeza de dos reporteros a todos los que se la han jugado por poner en la agenda pública temas incómodos para los detentores del poder o los mazanillos que se modelan como el agua en una jarra.  

 

La palabra escrita, hablada, graficada, visualizada; si causa piquiña, lo más probable es que sea oportuna. Sin embargo, no son pocas las embestidas que deben recibir quienes la producen. 

 

Según Reporteros Sin Fronteras en lo corrido del año van 24 periodistas asesinados y la cifra de encarcelados es de 350. Pero el asedio no solo está en estos casos extremos —que por supuesto son espantosos— sino que en diferentes niveles, en la provincia, verbigracia el Quindío; algunos ataques son sutiles y burdos. 

 

Chismes que enlodan a los que hacen público el actuar impúdico, es decir a los periodistas o analistas de opinión;  puertas que se cierran, lobby negativo, canibalismo profesional, son algunos de los precios que se deben pagar por expresar lo que muchos piensan, pero no se atreven a ventilar. 

 

La presidenta del comité del Nobel, Berit Anderssen, afirmó en el anuncio del premio: "El periodismo libre, independiente y de hechos sirve para proteger contra los abusos del poder, las mentiras y la propaganda de guerra". No hay que confundir libertad de expresión con posverdad; tampoco el derecho a la buena imagen con la impunidad.

 

Zapping: En los años 80 e incluso los 90, lo recordamos bien quienes pertenecemos a la generación X, octubre en Armenia era un mes muy especial, eventualmente las calles se cubrían de una densa niebla y el frío acompañaba las actividades festivas que programaban para el aniversario de la ciudad y se concentraban en el Coliseo del Café y sus alrededores. 

 

Había un ambiente, una atmosfera que invitaba a salir de la rutina y al encuentro, finalizando con la bienvenida temprana al espíritu de la navidad. 

 

No se cuando se dispersaron las tradiciones, no recuerdo haber visto una transición; sin embargo, hasta el 2020, se gestaron otros espacios y eventos que —puede ser por los años a cuestas— no tienen la misma magia, pero se han constituido,  de cualquier forma, en patrimonio inmaterial. Hasta que a nuestro alcalde le llegaron los fantasmas de la creatividad y la responsabilidad biosegura —como si unos cuantos días hicieran la diferencia— y le dio por correr las fiestas aniversarios para noviembre. Como si el tiempo se pudiera manipular, como si los usos y costumbres se cambiaran de un plumazo, como si la cultura se pudiera decretar. Una alcaldada más y las que han de llegar.

 

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Rodar en el Espacio

 Solía decirles a mis estudiantes de producción audiovisual que no se cortaran las alas ellos mismos, que fueran creativos y expresaran sus propuestas de grabación, siempre y cuando fueran físicamente realizables. Acto seguido les decía, no me vayan a salir con que van a rodar en la luna.

 

Bueno, al parecer mi transposición didáctica no va a poder seguir siendo el ejemplo para aquello de dejar volar la imaginación. Ha anunciado la Deutsche Welle que se realizará un rodaje en la Estación Espacial Internacional, en lo que se convertiría en la primera película que se hace en el espacio, de manera real.

 

En esencia se trata de un experimento en el que el reto más que cinematográfico o narrativo es enseñar a los miembros de la  producción y talento cómo comportarse y manejarse en el espacio exterior. El equipo… aquí viene otra ruptura de mis premisas de clase: “La producción audiovisual es un trabajo en equipo en donde, de manera ideal, hay especialización de funciones”, sin embargo, este rodaje está realizado por dos personas, para un total de dos personas, más el conductor —quien, por supuesto es un astronauta de verdad que, imagino yo, estará cuidando que artistas se comporten—.

 

Un equipo de producción en el que hay una actriz y un director- camarógrafo-sonidista-director de fotografía, no parece muy del primer mundo, es más, ni del tercer mundo. Sin embargo, como el rodaje será en la estación espacial, pues se le hace.

 

La ‘película’ que podría ser perfectamente la versión 2021 del Regador Regado de los hermanos Lumiere, por ser ambas las primeras películas de ficción en la historia, una en la tierra y la otra en el espacio; trata sobre cómo un médico debe atender a un cosmonauta cuyo estado es demasiado grave para un vuelo de regreso a la Tierra.  Lo curioso es que los científicos espaciales en realidad están considerando esto de entrenar profesionales de diferentes áreas para que viajen al espacio a prestar sus servicios. Mejor dicho, el argumento de la historia vendría siendo el objetivo de investigación de un proyecto espacial.

 

Klim Shipenko afirmó en la rueda de prensa de la ‘película’ "Es un experimento, no tengo a nadie a quien pedir consejo. No tengo ningún camarógrafo que me pregunte cómo filmar con la luz de la ventana". Serán, seguramente, muchos los inconvenientes que se presentarán desde la perspectiva de producción. Esperemos que como los Lumiere, quienes por cuenta de que la cámara navegaba por un río descubrieron la candencia y suavidad del movimiento de Dolly o de travelling. Shipenko, nos traiga algún aporte al lenguaje audiovisual o por lo menos narrativo, fruto de la gravedad cero; de lo contrario no será, por ahora, más que una locación muy, pero muy costosa y el aspaviento de hacer una “mini película” rodada en unos cuantos días. 

 

Zapping: Leído en la cuenta de tuiter de Daniella Cura “Se les apodaba coloquialmente “aguacates” a las figuras públicas que ganaron relevancia por haber sido “maduradas a punta de periódicos”. Teniendo en cuenta esto ¿cómo se le debe llamar a lxs madurados en seguidores y likes? Pertinente cuestionamiento, solo aclarando que una cosa es hacer uso de la herramienta para comunicar y conectar y otra, que hace referencia a madurar a las malas, es agrandar de manera ficticia a un candidato. Yo los llamaría ‘creadores de contenido’. El que lo entendió lo entendió.

 

viernes, 1 de octubre de 2021

Gastar las suelas de los zapatos

 Afirma el texto del video de celebración de los 30 años que cumple La Crónica del Quindío, que los mayores en el oficio del periodismo decían que hay que gastar las suelas de los zapatos para hacer bien tarea. Aunque esta máxima no necesita explicación, no está de más aclarar por qué es pertinente traerla a colación en estos momentos de ‘democratización’ del ejercicio del periodismo.

 

La digitalización ha puesto al alcance de todos, literalmente, canales de difusión de información que suelen confundirse con medios de comunicación, espacios donde usualmente laboran los periodistas. Así, todo el que tenga un celular y acceso a internet se podría hacer llamar periodista. Como indica Antonio López de Zuazo “a finales del siglo XX muchas personas se llaman así mismas <<periodistas>>, cuando más acertado sería denominarlas <<colaboradores de la prensa>> <<locutores de radio>> <<presentadores de televisión>>, auxiliares de redacción o inclusive aprendices de la profesión”. López Zuazo recuerda que el origen del término periodista se remonta a 1763 y que está ligado al ejercicio de la escritura “periódico es anterior a periodista: escritor periódico, papel periódico, obra periódica.” Para el caso de las plataformas digitales no debería ser diferente, la constancia y perseverancia serían puntos de partida.

 

Ahora bien, no es suficiente con producir contenidos de manera periódica —para prensa, radio, tv, plataformas digitales—, para hacer buen periodismo hay que moverse, buscar la información hacer reportería, en este caso el origen del término nos lleva al principio de esta reflexión: reportero viene del prefijo latino re-, que indica hacia atrás y del verbo portare -portar- finalmente del sufijo -ero, que indica oficio o profesión. “Entonces, el reportero es el que tiene el oficio de ir a un lado y devolver al punto de partida (re + portare) con las noticias.” Dice el portal etimologías.dechile.net.

 

Esta idea de moverse a buscar la información se hace más pertinente cuando, a partir de las facilidades tecnológicas, muchos de los que se hacen llamar periodistas se limitan a copiar y pegar los correos con los boletines de prensa o incluso a re procesar la información que está por doquier en la nube. Justamente este año el Papa Francisco en la 55a Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales instó a los profesionales a “desgastar las suelas de los zapatos, y buscar historias o verificar de visu ciertas situaciones” también indicó el Papa que “el periodismo, como relato de la realidad requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión”.

 

Al llegar a sus 30 años La Crónica del Quindío cumple cabal y plenamente con los conceptos de periodismo y reportería aquí expuestos. A este diario le tengo gratitud, por bridarme el presente espacio de opinión libre que me honra; respeto, por el trabajo periodístico que realiza y admiración por mantenerse vigente y activo a pesar de las adversidades de la industria —merito de su gerente y el esfuerzo y compromiso del equipo-. Todo esto más allá de estar o no de acuerdo con posturas editoriales en estos 30 años de periodismo y opinión —lo que demuestra pluralidad—. La Crónica se ha sabido mantener como un medio de comunicación responsable y ha cumplido la tarea periódica de informar a los quindianos —aquí y allá—. Como dicen en el mencionado video: “Solo después de caminar calles, veredas, municipios enteros, alimentando nuestros sentidos con las preocupaciones, dudas y alegrías de los quindianos, hemos escrito cada palabra que luego ha sido impresa.”

 

Felicitaciones a la Junta Directiva del diario, a su gerente Sandra Macías y a Ernesto Acero, un magnífico director que deja impronta de calidad, creatividad y humanidad —con él a los directores que han aportado a esta historia— a todo el equipo periodístico, de diagramación, comercial, administrativo y de distribución. ¡Que sean muchos años más gastando las suelas de los zapatos!.


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jueves, 23 de septiembre de 2021

El maestro como Indiana Jones

La provocación es ese antojo que nos mueve a buscar más, es la chispa que enciende una nueva empresa, desde Freud se trataría de la versión externa de la pulsión, esa fuerza que impulsa al sujeto a llevar a cabo una acción con el fin de satisfacer una tensión.

La semana pasada en una inspiradora clase con el doctor Miguel Ángel Caro recibimos la “provocación” de definir a los profesores según sus características. El texto base es un recomendado ensayo del profesor Fernando Vásquez Rodríguez titulado: Avatares, Analogías en búsqueda de la compresión de ser maestro, publicado en 1999 en la revista Signo y Pensamiento. 

En el ensayo Vásquez hace una reflexión de la educación como acto comunicativo, como lo explica la propia revista: “Para tal fin, constituye once analogías, parte de la noción de “avatar”, definida como cada una de las diferentes encarnaciones de los dioses hindúes o como un aspecto nuevo de una cosa cambiante. El maestro es entendido como partero, sembrador, pastor, artesano, brújula, anfitrión, ladrón del fuego, puente, guardián de la tradición y oráculo”. Un documento perfectamente escrito con pequeños bloques que hacen honor a la palabra provocador porque dejan la sensación de querer leer más sin estar insatisfechos.

A partir del mencionado texto y provocado por el profesor Miguel Ángel, me parece pertinente enfatizar en la idea de que somos todos distintos, no solo en nuestras disciplinas, sino en nuestras pulsiones; es por esta razón que resulta complejo establecer características que agrupen la verdadera sustancia que nos mueve como maestros, cada cual tiene sus encuadres, desde la perspectiva de Goffman.

 La propuesta del profesor Fernando Vásquez es ciertamente muy valiosa y compila la mayoría de los perfiles en los que podríamos encajar. Yo personalmente me identifico con los avatares del maestro como actor y del maestro como escalera. Ambas categorías aportan sus características a mi propio avatar del que ya he hablado en otras oportunidades —desconociendo el ensayo del profesor Vásquez—. El maestro como Indiana Jones. 

Indiana Jones es un arqueólogo que va del aula al campo, un día está con sus estudiantes analizando la civilización Maya y al otro está en busca de la Calavera de Cristal en Perú. 

 Esta analogía nos habla del maestro que lleva lo mejor del campo al aula y aplica la teoría, documentada académicamente, en sus trabajos de campo; del que enseña con principio de realidad a sus alumnos, del que presenta experiencias personales documentadas sin el ánimo de presumir, sino de acercar la realidad con la que se enfrentarán los estudiantes cuando salgan a la vida laboral. 

 En esta analogía el maestro es una escalera porque conecta el punto-teoría con el punto-práctica y es un maestro faro porque muestra los caminos que él ya caminó. Finalmente, es un maestro actor, que pone en escena, con toda la parafernalia, una clase en la que la virtud deberá ser aprender sin sufrimiento, casi sin darse cuenta, disfrutando el descubrir de una manera relajada. Entonces el maestro como Indiana Jones resulta ser la personificación de una trinidad con muchas características y un solo fin verdadero: compartir conocimiento. 

 Pero como en el ensayo de Fernando Vásquez, hay riesgos que reconocer. El maestro ‘Indy’ puede llegar a ser temáticamente tozudo, centrado en su campo de acción e incluso frío.   

 

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sábado, 18 de septiembre de 2021

La burla del MinTIC

En una burla a los medios de comunicación regionales e independientes se convirtió la convocatoria que rimbombantemente lanzara el MinTIC para, supuestamente, apoyar tras la crisis pospandemia y la transformación digital de los medios.  

Todo inició en marzo con la socialización del borrador de la convocatoria, este exigía unos requisitos viables de cumplir y se amparaba en una ley de la República. El MinTIC manifestó a los interesados su intención de apoyarlos en la transformación digital, estableció, entre otros, lazos con la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI) para que motivara a los medios a que se presentaran y prometió una convocatoria asequible.

Karen Abudinen dijo en ese entonces: “Queremos apoyar a los medios de comunicación para que sigan dando el paso hacia la transformación digital, algo vital en un momento en el que necesitamos que medios fortalecidos cumplan su papel de informar a las personas, y además, que aporten a reactivar la economía…” 

La gran promesa de la exministra se comenzó a caer desde el mismo momento en que se publicaron los pliegos definitivos de la convocatoria en mayo; lo que inicialmente parecía viable se convirtió en una insufrible e interminable lista de requisitos, llena de detalles y ‘requeñeques’ que generaban confusión y hacían complejo el cumplimiento, en especial para los pequeños medios que, por obvias razones, tienen menos recursos humanos y financieros para cumplir con la cantidad exagerada de demandas que hacían. 

El cronograma de la convocatoria jamás se cumplió; durante 6 meses en cada fecha trascendental, por lo general pasadas las 11 de la noche, publicaban una adenda que alargaba la agonía de los medios que esperaban poder cumplir con las demandas que incluían, entre muchas otras, finalizar la ejecución antes del 31 de diciembre, cosa que no era fácil si seguían aplazando los resultados.

Ante la crisis que enfrentó la exministra TIC Karen Abudinen por el caso, ampliamente conocido, de Centros Poblados; el proceso de apoyo a los medios pasó a un segundo plano, por lo que fecha tras fecha se aplazaron los resultados dando tiempo a los opositores a que encontraran un motivo en esta convocatoria para atacar a la, ahora, exministra. 

Abudinen manifestó en una entrevista concedida a Julio Sánchez Cristo que el ministerio estaba solo enfocado en recuperar los $70.000 millones entregados como anticipo a Centros Poblados. No extraña entonces que los demás procesos estuvieran desatendidos y desdeñados. 

Finalmente, quizás como castigo a los medios que hicieron eco de la negligencia de Karen Abuninen —en un acto contrario a lo que promulgaba meses antes sobre la necesidad de tener medios fortalecidos—, o por miedo a que algunos representantes de las regiones le cobraran la falta de seriedad con la moción de censura; Karen Abudinen, con maña, dilató hasta el último momento de su permanencia en el cargo los resultados finales. Ya estando fuera, dio muerte al proceso y se  sacudió el barro para enlodar y tildar de ineptos a los medios que, según el MinTIC, no saben presentar proyectos, pero que invirtieron tiempo y dinero en estructurar una propuesta que terminó siendo una descarada burla.  

Esto me evoca una máxima de la academia que reza: si todos pierden el examen, el problema no es de los estudiantes.

Karen Abudinen demostró que tiene una boca muy grande cuando afirmó: “Las opciones son el cumplimiento de las metas o el cementerio”. Sin embargo, incumplió una gran cantidad de sus fines: sacar la licitación de emisoras comerciales, apoyar la transformación digital de los medios, ampliar la conectividad. Aun así, el MinTIC sigue invitando a participar en convocatorias que seguramente no tiene cómo evaluar. 

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