Hay derrotas que duelen más que perder una elección. La crítica se sobrevive. El olvido, no.
La semana pasada una columna proponía "silenciar a Petro" pero el debate se fue por el camino equivocado. Durante días discutimos si la palabra era desafortunada, si sonaba a censura o si era una invitación legítima a dejar de amplificar cada uno de sus trinos -yo opino que sí que lo es- Pero causó el efecto contrario, Petro volvió a convertirse en el protagonista de la conversación.
Por eso creo que el verbo correcto no es silenciar sino olvidar. No olvidar su gobierno, que deberá ser juzgado por la historia, sino abandonar la costumbre de convertir cada declaración, cada provocación y cada publicación en X en el acontecimiento político del día.. Porque ese ha sido el combustible de un liderazgo construido alrededor de la atención permanente.
A mi juicio, Petro nunca gobernó como un estadista. Gobernó como un líder de rasgos narcisistas obsesionado con permanecer en el centro del escenario. El estadista tiene claroque las instituciones deben sobrevivirlo. El liderazgo de rasgos narcisistas necesita que el reflector nunca se apague. Por eso en varias ocasiones el presidente ha insistido en que será "inolvidable" –hasta en la cama-.
En el Consejo de ministros del martes Petro respondió a quienes afirman que quiere impedir la posesión del presidente electo: "Muchos piensan que nosotros queremos que no se posesione. Nosotros no estamos pensando que no se posesione..." e inmediatamente introdujo otro elemento que merece atención. Habló de un eventual estallido social, recuerdó que millones votaron por Abelardo de la Espriella y dejó planteado que ese será un asunto de análisis político.
Esa afirmación no parece estar en el vacío.
George Lakoff ha explicado que negar un marco es la manera más eficaz de activarlo. Su célebre ejemplo —"No piensen en un elefante"— demuestra que el cerebro primero construye la imagen y después procesa la negación. Petro hizo exactamente eso. Para asegurar que no pretende prolongar su mandato habló de dictadura, de soldados enfrentando al pueblo, de un estallido social y hasta de "otras armas que la ciudadanía pondría". Nadie le estaba preguntando por un golpe de Estado; fue él quien llevó la conversación hasta ese terreno. Negó el escenario después de haberlo instalado.
Atando acabos, Hace pocos días Vivina Marín, secretaria política de la Juventud Comunista, afirmó que la tarea era "hacer invivible este país para Abelardo de la Espriella". Y justo el martes el político antioqueño @Mauriciotobonf informó en X “Aproximadamente 45 buses escalera se desplazan hacia Bogotá…” Estas situaciones revelan una concepción preocupante de la oposición: no como control democrático al poder, sino como estrategia de confrontación permanente.
La campaña terminó, pero la lógica de la campaña parece no haber terminado. El objetivo ya no sería disputar el poder desde el Gobierno, sino conservar el liderazgo de la oposición ocupando todos los días el centro del debate nacional.
Petro quiere seguir gobernando la conversación, aunque ya no gobierne el país. Para lograrlo necesita exactamente lo mismo que necesitó durante cuatro años: nuestra atención. Los algoritmos no distinguen entre admiradores y detractores; ambos alimentan el mismo protagonismo. Olvidémonos de Petro, para un liderazgo construido sobre la necesidad permanente de atención, el odio sigue siendo una forma de reconocimiento. Lo único verdaderamente insoportable es el olvido.
Nos vemos en la red (0)

No hay comentarios:
Publicar un comentario