martes, 21 de junio de 2022
viernes, 25 de septiembre de 2020
Campaña permanente
Por estos días las redes sociales de la región muestran algunos políticos que, a menos de un año de su elección o nombramiento, ya están de nuevo en campaña. Se pueden ver publicaciones de fotografías de cartel, acciones de campo con la comunidad, videos retadores —al estilo de la función de defensa expuesta por Benoit— y frases bonitas pero vacías que acompañan los post. A eso le llaman los teóricos campaña permanente y dicen que convierte al gobierno en un instrumento diseñado para sostener la popularidad de un proyecto político. Es decir, para ‘vender’ un producto.
El estereotipo del personaje simpático, mediático y activista está más que ‘pintado’ y en vez de generar confianza siembra la duda de si tanta ‘zalamería’ lo que busca es ir allanado el terreno para las próximas elecciones; a las que aún les quedaría —en teoría— casi un año para arrancar la campaña.
Existen diferencias entre la comunicación electoral y la comunicación gubernamental. Mientras la primera, por cuenta de la personalización de la política —advertida por Sartori en los 80— se centra en la exaltación del candidato, del personaje, del individuo. La segunda debería enfocarse en las políticas públicas, en la rendición de cuentas y el dialogo con la ciudadanía. La comunicación de gobierno trasciende el márquetin para enfocarse en la gestión y la gestión incluye a la misma comunicación.
Usar los medios propios y establecer una correcta relación con la prensa, es tan solo el canal de difusión de estrategias que deben contemplar a la ciudadanía como parte de la ecuación, no solo como receptores pasivos. Esto, implica establecer mensajes claros y concretos que permitan comprender el rumbo de la gestión de manera anticipada y no esperar a que los hechos ocurran para explicarlos.
A través de las mismas plataformas usadas para la campaña permanente, la ciudadanía se comunica entre sí, participa activamente en los foros de los medios y de los periodistas independientes y se expresa sin tapujos. De tal manera que no hay posibilidad de impunidad, usar los recursos públicos o la ‘chapa’ para adelantarse a la campaña puede resultar en un efecto bumerang que evidencie las verdaderas intenciones y, a lo mejor, la falta de cumplimiento de las promesas y el desgaste de una imagen saturada.
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jueves, 23 de julio de 2020
El cuarto poder
El recule de la designada alcaldesa de Armenia, ante la medida de restricción de la movilidad en los vehículos particulares, es un claro ejemplo del poder que tienen los medios de comunicación. En un sentido amplio de lo designado en 1787 por Edmund Burke, diputado en la cámara de los comunes, cuando en un discurso se refirió a la tribuna que ocupaba la prensa como el cuarto poder.
La semana anterior, apenas a unas cuantas horas su posesión, la señora alcaldesa —poder ejecutivo— decidió que daría cumplimiento a una medida que, si bien había sido planteada con anterioridad, es potestativa y no se había publicitado extensamente. ¿Cuál sería la motivación principal para ‘tirarse como topo’ a firmar ese decreto?, ¿Dónde están sus asesores?
Si la idea de la mandataria era darse a conocer, con certeza alcanzó su objetivo. Bastó con ‘dos dedos de frente’ y una chispa que pusiera a circular la información para que los argumentos brotaran como manantial, evidenciando la contradicción y arbitrariedad de la medida. El malestar se hizo viral, allí con el internet como dispositivo comunicacional, el poder lo asumió la opinión pública que se manifestó ampliamente ejerciendo presión, consciente, coherente y justificada sobre la alcaldesa y los diferentes órganos administrativos, algunos de los cuales, incluso, manifestaron intención de terciar en la aplicación de la medida.
La estampida de opiniones impuso el tema mediático, en una versión inversa de la teoría de McCombs de la agenda setting. Así, los medios fueron influidos por la opinión pública y multiplicaron la información que a esta le importaba por considerar que lesionaba sus intereses directos. En otras palabras, difundieron la noticia.
McCombs también decía que los medios tenían como función: la vigilancia del entorno, generar consenso entre sectores de la sociedad y la transmisión de cultura, justamente eso fue lo que sucedió con el fenómeno comunicacional con motivo del —ya celebre— decreto. Los ciudadanos se encontraron en las redes para ejercer la vigilancia del entorno y entraron en consenso sobre lo que no les parecía pertinente, lo que no hubo fue mucha cultura en la forma de expresarlo —aunque el investigador no se refería a ese tipo de cultura—.
El resultado es ya conocido, la presión hizo cambiar la medida, pero el desgaste de imagen no es fácil de recuperar, aunque hay gurús de la publicidad que dicen que no importa la mala prensa, lo importante es que hablen. Yo no comparto esa teoría y menos si estoy de paso, hay otras formas de darse a conocer.
Zapping: A propósito de la agenda setting. El 20 de julio, el presidente saliente del congreso lanzó la propuesta de hacer una Colombia federada. Una iniciativa con poca viabilidad de aplicación pero con efecto mediático. Lidio García logró poner en el radar de los principales medios de comunicación el tema y alcanzó a ser tendencia en redes sociales. De eso se trata la comunicación.
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