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Carmesí es un libro ilustrado de Microcuentos, disponible bajo licencia Creative Commons 4.0 (CC,BY) escrito por Jorge Urrea. Siéntase libre de Descargarlo y compartirlo

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domingo, 23 de octubre de 2022

Telecafé 30 años al aire

 Hay que haber pasado por un estudio o una unidad móvil de televisión para tener idea de lo que se siente escuchar la frase “Al Aire”, es una suma de emociones, de adrenalina, de felicidad, de miedo y de sentido de responsabilidad. Las manos sudan y por unos momentos todo es caos. Esto pasa una y otra vez, como un ritual, no importa cuantas transmisiones se hayan hecho, no importa si se es presentador, camarógrafo, director de cámaras, sonidista o productor. Todos están conectados por una suerte tensión eléctrica que circula por las manos, por eso el audiovisual es pasión, porque la energía fluye necesariamente.

 

Hoy Telecafé cumple 30 años de estar al aire y eso implica que el ritual se ha repetido en múltiples oportunidades. En 2010 celebré, como gerente, su mayoría de edad y en ese momento dije: “Estos 18 años son para nuestro canal regional Telecafé la muestra de la evolución y sobre todo de la interpretación y comprensión de nuestra razón de ser, los televidentes.” También afirmé que “la televisión pública en nuestro país es prolífica, pero no por ser prolífica es común, debemos sentirnos privilegiados de contar con un canal de la talla de este” porque no todos los territorios tienen un medio como Telecafé. Agradecí a  “quienes se buscan en la caja mágica con actividades comunes pero importantes, o comunes pero divertidas, o comunes pero representativas”. 

 

Si revisamos los apartes del discurso se puede identificar que está centrado en la audiencia y en los ciudadanos, no en la empresa. Pero en los últimos años ha habido un cambio de rumbo, los televidentes dejaron de ser la única preocupación de la gerencia y se empezó a hablar más del recaudo. Un mea culpa, porque estando en la Junta del canal, entre 2017 y 2019, vi con buenos ojos que se abrieran nuevas ventanas de ingresos; en mi favor, nunca pedí que se centraran en estos, se trataba de una nueva forma de financiación, no de desplazar el corrientazo de pasión, del que hablaba antes, para volver el canal en una dependencia administrativa llena de cajas apiladas con papeles e informes de la agencia de medios y logística, en vez de cámaras, monitores y reflectores. Con la misma cantidad de oficinistas que de artistas, periodistas y presentadores.

 

No es que se haya dejado de hacer televisión, no es que no haya buenos productos, no es que no se cumpla con ser ventana de la identidad regional, es solo que cuando hay que atender ‘chicharrones’ de logística y agencia de medios, el esfuerzo y la atención, como es apenas obvio, se dispersan. Bien aplica la frase bíblica: “nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro”.

 

El canal debe volver a su esencia, para lo que fue creado, única y exclusivamente para hacer y programar televisión, —en el sentido amplio del concepto—. 

 

En 2010 hablábamos de convergencia y de contenidos bajo demanda —no íbamos mal—, estos deben ser hoy un hecho. Sin embargo, no hay que descuidar la ventana principal que es la televisión abierta, tampoco centrar los contenidos digitales y las plataformas sociales —cual magazín rosa— a farándula internacional en busca de unos cuantos ”me gusta”. No, hay que mostrar lo que pasa en las calles, transmitir los torneos locales, los concursos musicales de la región, los festivales y carnavales. En mi criterio, la televisión regional tiene un gran diferencial, el directo, los eventos, los contenidos locales que no quieren los canales comerciales. Eso los hace prácticamente exclusivos, hay que aprovechar ese nicho. Lo demás es una gran oferta de contenidos globalizados de alta calidad, que no tienen por qué ser nuestra competencia local.

 

Nos vemos en la red (0) y, ojalá, nos veamos en Telecafé.

viernes, 25 de septiembre de 2020

Campaña permanente

Por estos días las redes sociales de la región muestran algunos políticos que, a menos de un año de su elección o nombramiento, ya están de nuevo en campaña. Se pueden ver publicaciones de fotografías de cartel, acciones de campo con la comunidad, videos retadores —al estilo de la función de defensa expuesta por Benoit— y frases bonitas pero vacías que acompañan los post. A eso le llaman los teóricos campaña permanente y dicen que convierte al gobierno en un instrumento diseñado para sostener la popularidad de un proyecto político. Es decir, para ‘vender’ un producto.

 

El estereotipo del personaje simpático, mediático y activista está más que ‘pintado’ y en vez de generar confianza siembra la duda de si tanta ‘zalamería’ lo que busca es ir allanado el terreno para las próximas elecciones; a las que aún les quedaría —en teoría— casi un año para arrancar la campaña.

 

Existen diferencias entre la comunicación electoral y la comunicación gubernamental. Mientras la primera, por cuenta de la personalización de la política —advertida por Sartori en los 80— se centra en la exaltación del candidato, del personaje, del individuo. La segunda debería enfocarse en las políticas públicas, en la rendición de cuentas y el dialogo con la ciudadanía. La comunicación de gobierno trasciende el márquetin para enfocarse en la gestión y la gestión incluye a la misma comunicación.

 

Usar los medios propios y establecer una correcta relación con la prensa, es tan solo el canal de difusión de estrategias que deben contemplar a la ciudadanía como parte de la ecuación, no solo como receptores pasivos. Esto, implica establecer mensajes claros y concretos que permitan comprender el rumbo de la gestión de manera anticipada y no esperar a que los hechos ocurran para explicarlos.

 

A través de las mismas plataformas usadas para la campaña permanente, la ciudadanía se comunica entre sí, participa activamente en los foros de los medios y de los periodistas independientes y se expresa sin tapujos. De tal manera que no hay posibilidad de impunidad, usar los recursos públicos o la ‘chapa’ para adelantarse a la campaña puede resultar en un efecto bumerang que evidencie las verdaderas intenciones y, a lo mejor, la falta de cumplimiento de las promesas y el desgaste de una imagen saturada.

Nos vemos en la red (0)

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Espectro de la serie Letra Muerta



Título:        Espectro

Autor:         Jorge Urrea

Técnica:       Fotografía dimensional impresa en papel 

Fotográfico metalizado y vinilo transparente.

Dimensiones:   32x32x11,5cm

Año:           2020

 

Oxigeno e imágenes

 Arriba en la montaña, el aire es más limpio, cala hondo en los pulmones pero se siente también en las sienes. Allá, arriba, en la montaña; las estrellas son más brillantes y la oscuridad más profunda, por eso los rayos de luz proyectados sobre la lona son limpios, claros e intensos. Como el aire de las montañas del Quindío.

 

Salento tiene ese espíritu que recorre sus calles inspirando a propios y visitantes, está lleno de creadores que le dan forma a la identidad del pueblo. Cafés de la mejor calidad, como el de Jesús Martín; fotógrafos destacados como Felipe Quintero o James Montealegre, artesanos virtuosos y —entre otros muchos personajes destacables— un soñador que ha conseguido, en un acto quijotesco, hacer crecer un festival que en 6 ediciones nos ha permitido ver buen cine, y que hoy según su director, se encuentra dentro de los cinco mejores de Colombia. Estamos hablando de Cine en las Montañas.

 

Juan Francisco Bautista inició este proyecto con un proceso de formación de públicos —del que no se ha desligado nunca—. Proyectaba las películas de las maletas del cine colombiano, que distribuyó el Ministerio de Cultura en los cineclubes del país. Cuenta que en ese entonces llegaban dos personas a las funciones, 6 años después, el trabajo ha dado frutos y el público se ha multiplicado llegando a aforos de 100 asistentes. 

 

Importantes directores y equipo creativo en general han pasado por las pocas, pero productivas y edificantes ediciones del festival. En la versión 2019 el cartel, casi completo, de los directores nacionales activos visitó Salento y habló de sus películas a los locales y visitantes, que llegan de muchos lugares del país e incluso del mundo.

 

La presente edición, que inició ayer, será virtual y tendrá 104 películas y 92 cortos de 20 países del mundo. Habrá 8 estrenos nacionales, muchas de ellas, películas que sólo se pueden ver en estos espacios porque no tuvieron sala o pasaron rápidamente. 

 

Antes de cada proyección habrá una conversación con los directores. Justamente el director homenajeado este año será Lisandro Duque, quien está ligado a estas tierras por su cercanía de origen y porque en Filandia rodó Milagro en Roma(1989). De Lisandro Duque se proyectarán 5 películas en total.

 

 

Cine en las Montañas es oxigeno para el arte del Quindío, como el que corre por las frías y acogedoras calles de Salento. Que sean muchos festivales más.

 

Nos vemos en la red (0)

El robo del sigo

Las historias de grandes robos, con planes meticulosos y milimétricos tienen un público ganado que las sigue en salas de cine y plataformas. Desde esa perspectiva El robo del siglo es un acierto de producción, también lo es como producto comercial.

Un poco más reposada la espuma sobre la serie colombiana, disponible en Netflix, que pone en escena el atraco al Banco de la República de Valledupar. Me atrevo a exponer algunas consideraciones 

—aclarando mi respeto por los productores y equipo técnico y creativo—. 

Creo que, desde una perspectiva de mercado, la serie fue inflada equiparándola con La casa de papel, lo que logró llamar la atención del público. Pero también, pudo generar alguna desilusión, aunque, estoy seguro de que estaba calculado —valga aclarar que no soy fan de la serie española—.

Siendo la historia buena, —y es que es casi calcada de los acontecimientos reales, luego, tiene con qué serlo— se queda corta en acciones y sorpresas, —por la misma razón de ser fiel a los hechos— no tiene giros, las subtramas son intrascendentes. Pudo ser una buena película, o en su defecto, una micro serie de 3 capítulos —cómo Sherlock—. Así, se hubiera lucido más. 

La serie cuenta con un gran trabajo de fotografía y de arte. Las locaciones fueron bien elegidas y logran una atmósfera calurosa y tensionante. La investigación, en cuanto a diseño de producción, es rigurosa; la escenografía, utilería y vestuario nos ponen en la época. 

El nivel actoral de los protagonistas es muy bueno. Mejor Tappan —el abogado)—y Benjumea —doña K— que Parra en esta ocasión —pero Parra es Parra—. No pude quitarme la figura de Víctor Mallarino como Mirando Zapata en El inútil al ver el personaje de Chayo, que es, en mi criterio, poco verosímil: negado pero líder. De los secundarios destacan Juan Sebastián Calero —el Sardino— y Waldo Urrego —Dragón—.

Figurar dentro de las series más vistas en Netflix es un logro que debe inflar el pecho de los creadores y por eso esta columna no pretende minimizar la obra audiovisual. Tan solo poner en perspectiva algunos elementos narrativos que no pasan inadvertidos pero que tampoco demeritan, de ningún modo, el gran trabajo realizado por Dynamo y su equipo.

Zapping: En el robo original, según la revista Semana, el cerebro detrás del golpe fue Benigno Suárez Rincón, alias Don Pacho, de quien dicen, ejercía como narcotraficante en Circasia, Quindío. Lugar donde fue capturado. Uno más para la lista de bandidos ‘ilustres’ ligados al departamento.

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sábado, 2 de mayo de 2020

Al Frente del Cañón


El 28 de abril se conmemoró el día mundial de la Seguridad y la Salud en el trabajo y, por supuesto, es inevitable pensar en el gran esfuerzo que hacen los trabajadores de la salud para cumplir con sus deberes en clínicas, hospitales, centros de salud, etc. Muchos en condiciones precarias; a ellos nuestra gratitud y admiración y al Estado el llamado para que busque las garantías que se merecen.

En otro frente de batalla, en la calle y en sus espacios de trabajo como salas de redacción y estudios de radio y televisión están los periodistas, los comunicadores, los equipos humanos de producción. Ellos también están expuestos y cumplen un papel fundamental en este proceso de circulación de información que reclamamos los seres humanos; que se fecunda en los centros de salud y entidades gubernamentales y que procesan nuestros intermediarios: los comunicadores, para permitir, de la mejor forma posible, que quienes permanecemos en casa podamos estar enterados de las decisiones que toman nuestros gobernantes y de la evolución del día a día del virus, gracias a ellos tenemos datos comprensibles y asequibles para todos.

Vemos como algunos comunicadores adecuan espacios de trabajo desde casa. Los que están frente a cámara exponen su lugar íntimo: su sala, su biblioteca, sus pertenencias personales    -Eso que no tendríamos porque ver, eso que siempre nos preguntamos cómo sería- 

Los que están detrás, suplen sus escritorios y espacios de trabajo convencional con la mesa del comedor llena de papeles y pantallas (celular, tableta, computador, etc), el trabajo se multiplicó y las condiciones para ejecutarlo se hicieron más complejas: El plato que se cae, los niños que ríen o lloran, la televisión o el radio sonando. Cada caso es diferente pero igual: Lavar la loza, sacar la mascota, hacer las compras, asear el lugar de trabajo y residencia, jugar y estudiar con los niños; mientras, se dan instrucciones, se escribe una nota, se edita un audio o se lee un extenso informe. Uff.

Otros en la calle, buscando la noticia, exponiendo sus vidas y la de sus familias para cumplir con su deber. En televisión y en redes sociales se les ve con sus micrófonos cubiertos de papel cristal, con mascarillas de ‘mentiras’ -no creo que sea suficiente si de seguridad y salud hablamos- pero el deber apremia.

Por el gran esfuerzo que hacen, porque es más trabajo y más complejo; porque además las condiciones económicas no son buenas. Gracias, gracias a los a los medios, a los comunicadores, porque sin importar el alto riesgo, están al frente de cañón.

Zapping: Apropósito del titulo de esta columna, extrañamos a la Asociación de Músicos Profesionales del Quindío, quienes cada año por estas fechas han sido muy activos en los medios de comunicación. Pero, por lo menos en sus redes sociales, no hay rastro de ensambles colaborativos ni propuestas creativas que evidencien su trabajo artístico en tiempos de pandemia       -como grupo. Algunos de sus integrantes de manera individual si que han compartido su talento-. Es delicada la compleja situación por la que atraviesa el sector cultural, aún así, muchos artistas no paran haya o no contratos, porque el arte debe producir recursos, pero, desde lo vocacional, no solo es un negocio sino una necesidad expresiva.

Nos vemos en la red (0)
www.jorgeurrea.com

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