Descargue Carmesí

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Carmesí es un libro ilustrado de Microcuentos, disponible bajo licencia Creative Commons 4.0 (CC,BY) escrito por Jorge Urrea. Siéntase libre de Descargarlo y compartirlo

Podcast Común-mente

Común-mente Episodio 1 - Temporada 1

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sábado, 16 de agosto de 2025

Evitar noticias

 La dinámica impuesta por el gobierno respecto a la saturación de acciones que no conducen a nada diferente a exacerbar la opinión pública —en todos los campos de la administración—, desde un nombramiento sin cumplimiento de requisitos o un cambio de manual de funciones para que encaje un activista, pasando por gobernar por decreto, hasta sembrar la idea de guerras con países vecinos aliados, todo en simultáneo, genera una tormenta de información y crispación que se traduce en un caos que lejos de ser un efecto colateral, parece ser la estrategia.

 

Ese caos ha provocado, al menos en lo que a mí concierne, un fenómeno conocido como evitación selectiva de noticias. Tanto en medios masivos como en plataformas digitales, el ‘reguero’ de titulares, la polarización, la inquina y la desinformación abundan. Comenzando por los mismos líderes políticos.

 

Evitar las noticias se ha vuelto una forma de defensa personal. No es desinformación, sino una reacción ante la sobresaturación de información: la avalancha diaria de escándalos, amenazas, contradicciones, provoca ansiedad, cansancio y, finalmente, desconexión. No es apatía, es agotamiento.

 

Según Skovsgaard y Andersen (2022), la evitación de noticias puede ser intencional —como en mi caso— o no. Pero cuando es selectiva, implica evitar ciertos temas o coberturas que afectan el bienestar emocional del lector. No es que uno deje de informarse por completo, sino que comienza a elegir con pinzas lo que consume. Algunos evitan temas políticos, otros tragedias, otros simplemente cambian de canal. Se trata de una forma activa de regular la exposición a un entorno mediático tóxico.

 

Y es aquí donde la teoría del “gobierno del caos” cobra sentido. Como lo advertía el diario The Guardian, algunos gobiernos han optado por una estrategia de descentralización radical que genera un aparente desorden donde, según sus defensores, florece la creatividad ciudadana. Sin embargo, lo que realmente se siembra es confusión, desconfianza y parálisis. Boles, ideólogo del "caos creativo", defendía que planificar desde el centro era inútil y que el caos era deseable. Pero ese caos, como vemos en nuestro país, puede volverse destructivo si no tiene un propósito de bien común en todo el sentido de la frase.

 

En un entorno donde el poder parece ejercerse a través del ruido —más que de las decisiones claras—, la ciudadanía comienza a apagar el volumen. El fenómeno de la evitación selectiva de noticias es, entonces, un síntoma de un modelo de poder que se nutre del agotamiento colectivo. Mientras el gobierno lanza cortinas de humo y titulares desconcertantes, muchas personas simplemente dejan de mirar.

Y eso es peligroso.

 

Porque cuando dejamos de mirar, otros deciden por nosotros. Porque la desconexión informativa, aunque necesaria para la salud mental, puede tener efectos secundarios graves: desmovilización, desinterés político y pérdida del control ciudadano sobre lo público. La democracia no muere de un zarpazo, sino de zapping o apagón.

 

El desafío, entonces, es distinguir cuáles noticias evitar y cuáles no podemos permitirnos ignorar. De ejercer un consumo crítico, pausado y selectivo que nos permita cuidarnos sin ceder terreno a la confusión.

 

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Cantinfleadas

 “No estoy para que me digan, ni yo para decírselos...” Pero el próximo 12 de agosto se conmemora el nacimiento de Mario Moreno “Cantinflas”, ese genio del humor que con su traje remendado, bigotito peculiar y verbo inagotable, nos hizo reír para no llorar. Como él mismo lo decía, “el humor es cosa seria y la seriedad es una cosa que hay que tomar con humor”.

 

Cantinflas no solo fue el comediante más célebre del cine mexicano, sino también un agudo cronista de su tiempo. Con su humor logró desnudar las contradicciones de la política, el clasismo y la injusticia social. “Aquí no existe democracia, sino una dedocracia”, decía, y aunque han pasado décadas, esa frase podría repetirse en la actualidad con exactitud milimétrica -más, si revisamos las hojas de vida del los altos dignatarios elegidos por Petro para gobernarnos-.

 

Las películas de Cantinflas siguen teniendo vigencia porque el país -y su región amplia- que retrató siguen siendo, en muchos aspectos, los mismos. Por eso su legado es inagotable, como lo definió Vicente Quirarte: una comicidad permanente que aún hoy nos sirve de espejo. Y, aunque en apariencia no decía nada, en realidad lo decía todo. En sus frases ininteligibles estaba el retrato de un sistema político que hablaba mucho para no decir nada. Verbigracia esta perla de Petro: “Dado que entonces la economía de funciones continuas, demanda y oferta, cruzo las curvas de indiferencia por diversas cosas para consumir. Me pongo una tangente. Entonces yo sé que la fórmula de la tangente es el punto cero, donde la línea recta toca con la curva de indiferencia”. Tal como lo sentenció el Chato: “Charlar sin llegar a ningún punto. También puede resumirse en expresarse con frases, o palabras que carecen de sentido o fuera de orden”.

 

Mario Moreno fue un maestro en el arte de cantinflear para hacer pensar. Hoy, sin embargo, asistimos a su versión degradada: la politiquería cantinflesca. Solo que en lugar de ingenio hay desvarío, en vez de crítica hay confusión, y donde había humor, ahora hay alarma.

 

La realidad supera la ficción. Mientras Cantinflas actuaba para hacernos pensar, hoy muchos actúan sin pensar. Y lo que es peor: nos gobiernan con la lógica de lo ininteligible. Para traerlo a nuestro contexto un columnista escribió un recientemente: el estilo Petro no es académico ni didáctico, es un performance lleno de frases sueltas, ideas sin rigor y palabras que suenan importantes, pero que nadie entiende.

 

A un año de las próximas elecciones, solo queda esperar que el relevo no sea peor. Pero confieso que no tengo mucha fe pues como dijo Cantinflas "No sospecho de nadie, pero desconfío de todos." 

 

¡Grande Mario Moreno!

 

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DOGMA 25: CINE SIN EXCUSAS

 En 1995, cuatro cineastas daneses —Lars von Trier, Thomas Vinterberg, Kristian Levring y Søren Kragh-Jacobsen— sacudieron el mundo del cine con un manifiesto radical: el Dogma 95. Se trataba de filmar con luz natural, cámara en mano, sin decorados ni efectos, sin filtros ni artificios. Querían devolverle al cine su crudeza, su esencia, su urgencia. Su propuesta era tan rígida como impactante, y abrió un campo fértil para experimentar lejos del control de la industria.

 

Treinta años después, cinco cineastas nórdicos —May el-Toukhy, Milad Alami, Annika Berg, Isabella Eklöf y Jesper Just— han decidido retomar esa llama y encenderla con un nuevo manifiesto: el Dogma 25, presentado oficialmente en el Festival de Cannes de 2025. No se trata de una imitación nostálgica, sino de una visión contemporánea contra un cine que, en su afán por acelerarse, expandirse y tecnificarse, ha perdido, según muhcos, el alma.

 

El Dogma 25 impone diez reglas claras: el guion debe escribirse a mano; al menos la mitad de la película debe prescindir de diálogos; no se permite el uso de internet en ningún momento del proceso creativo; el equipo técnico no puede exceder las diez personas; no se pueden usar maquillaje ni alteraciones digitales en cuerpos o rostros; todo debe alquilarse, prestarse o encontrarse; y la película debe realizarse en un año, como si fuera la última que se va a producir.

 

Detrás de estas restricciones no hay capricho: hay un intento por recuperar la autenticidad, por rescatar el cine como arte antes que como producto. Es una respuesta directa al dominio de las plataformas, los algoritmos, las fórmulas, los filtros y las decisiones editoriales dictadas por marketing o big data. El Dogma 25 propone un cine con huella humana, artesanal, donde el error, la imperfección y lo no calculado son parte de la experiencia.

 

¿Radical? Tal vez. ¿Idealista? Seguro. ¿Necesario? Sin duda. En tiempos donde los presupuestos son la excusa perfecta para no crear, el Dogma 25 ofrece una alternativa incómoda pero liberadora. No se necesitan millones, ni efectos, ni influencers. Solo una historia, un equipo reducido y una voluntad feroz de hacer cine con lo que hay. Y eso, al menos para experimentar, ya es bastante.

 

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Certificados para Guanumear.

 El concepto de ‘medios alternativos’ es un eufemismo que están usando en el gobierno para denominar a mercenarios de la comunicación, muchos de ellos doxósofos cuasi iletrados que repiten libretos en la línea que determine el ‘guanumen de turno’. En otras columnas he evidenciado cómo la organización de ejércitos de opinadores, influenciadores, militantes con celular e internet, no es un asunto aislado.

 

El Socialismo del siglo XXI viene generando encuentros internacionales en los que, seguramente, la doctrina está en el orden del día. Verbigracia el “Encuentro de comunicación popular” en abril de 2024 en Venezuela y apenas 5 meses después, en Armenia, el “Encuentro nacional de medios alternativos, comunitarios y digitales.” Organizado y financiado por el gobierno Petro.

 

El siguiente paso ha sido certificar a esos opinadores, es decir, convalidar lo que –en la mayoría de los casos– la academia no ha hecho. Mientras los universitarios interesados en la comunicación social invierten su tiempo, su dinero y esfuerzo en asistir a clases, leer, hacer trabajos, aprender ética profesional, en lapsos no menores a 8 semestres, el gobierno del Cambio regalará certificaciones en 150 días y garantizará la conformación de verdaderas huestes de influenciadores, alineadas con la ideología de gobierno. ¿Qué significa ser alternativo? ¿Alternativo a qué?

 

El concejal Daniel Briceño denunció que el Ministerio TIC, en un convenio directo con el canal Telecafé por $10.974 millones, pretende crear una “escuela de medios alternativos y digitales” para lo cual el canal, firmó un contrato de $1.624 millones con la fundación FUNDETEC, dirigida por Farid Parrado Corredor, primo de Albert Corredor y aliado político de Daniel Quintero. El objetivo: formar influenciadores y medios alternativos. El contrato fue adjudicado sin concurso y el cronograma establece que los nuevos medios estarán activos justo antes de las elecciones presidenciales de 2026 -qué conveniente-.

 

Es una lástima que nuestro canal regional Telecafé, otrora libre de este tipo de señalamientos y bastión de identidad regional, sea el facilitador de estas iniciativas llenas de incertidumbres respecto a las formas de contratación y sus destinatarios. Una lástima que un medio de comunicación, de los convencionales (televisión regional radiodifundida), en oposición a los mal denominados ‘alternativos’ sea el impulsor de un semillero de medios –en su mayoría unipersonales– cuyo principal objetivo sea conformar cámaras de eco a los mensajes institucionales y las guanumenadas del día. Una lástima que el canal regional del eje cafetero, gestione recursos para crear y promover medios que no lo son, mientras la industria audiovisual regional está famélica. ¿Cuánto dinero de esa intermediación será para promover la producción audiovisual en el Eje Cafetero?

 

El pecado es triple: contra la academia regional, que teniendo todos los méritos no es la beneficiaria del diseño e implementación del infortunado proyecto (aunque es mejor no formar parte del exabrupto de certificar para guanumear), contra los medios organizados que se esfuerzan por mantener su infraestructura técnica, de transmisión y un equipo humano formado y experimentado (eso incluye al mismo Telecafé) y contra la industria audiovisual regional, que no es receptora de los millonarios recursos que el Estado, por guiño del Gobierno, le está girando al canal.

 

No son buenos tiempos. Nos vemos en la red (0).

 

miércoles, 23 de julio de 2025

:-) o >:(

 El emoji nació en Japón a finales de los años noventa y se globalizó con la expansión de los teléfonos inteligentes. Se ha convertido en un elemento esencial del lenguaje digital y por eso, cada 17 de julio se celebra este fenómeno que transformó la comunicación digital. Ese pequeño ícono que solemos agregar al final de un mensaje no es una simple decoración gráfica, sino una potente herramienta de comunicación

 

Su función, además de lo estético, es actuar como equivalentes funcionales de las expresiones faciales en la comunicación cara a cara. Esto significa que, cuando escribimos un mensaje acompañado de un emoji, estamos introduciendo un componente no verbal que enriquece y clarifica el contenido emocional del texto.

 

En contextos digitales, donde no podemos ver el rostro ni escuchar el tono de voz del otro, los emojis suplen esa carencia. Una investigación de Thorsten Erle y sus colegas (2021)indica que los mensajes con emojis se perciben como más intensos emocionalmente y con una valencia más marcada, es decir, más claramente positivos o negativos. Ese toqueemocional no solo ayuda a interpretar mejor el mensaje, sino que también activa procesos de contagio emocional: quien recibe el mensaje tiende a experimentar una emoción similar a la sugerida por el emoji.

 

Desde la perspectiva del modelo EASI (Emotion as Social Information), los emojis desencadenan dos rutas de procesamiento: una afectiva, que genera emociones en el receptor, y otra inferencial, que permite interpretar el estado emocional del emisor. Esto explica por qué un simple ":-)" puede generar empatía y cercanía, mientras que un ">:(" puede provocar distancia o precaución.

 

Además, los emojis también afectan las conductas sociales. El estudio halló que los mensajes con emojis generan mayores niveles de preocupación empática por parte del receptor, una emoción clave en la formación de vínculos sociales, incluso en ambientes virtuales.

 

Paradójicamente, cuanto más digital se vuelve nuestra comunicación, más necesidad tenemos de estos signos visuales que simulan la gestualidad humana. 

Vale la pena pensar el emoji no solo como un facilitador, sino también como un elemento ambivalente en la comunicación digital. Si bien ayuda a matizar el tono de los mensajes y a suplir la ausencia de gestos o entonación, también puede prestarse a malentendidos. Su interpretación depende en gran medida de quien lo recibe, de su contexto cultural, estado de ánimo o relación con el emisor. Así, un gesto pensado como amistoso puede leerse como sarcasmo; una cara seria, como reproche. En vez de cerrar el sentido, a veces el emoji lo abre. Lejos de ser una solución definitiva, estos íconos nos recuerdan que toda comunicación es un proceso compartido, siempre expuesto a la deriva de la interpretación.

 

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Titulo alternativo, por si no se pueden solo los emojis, ojalá que sí.Signos que pesan

Un nudo en la garganta.

 Uno no crece con Ozzy Osbourne impunemente. Su voz rasgada y su aura demencial me han acompañado como una banda sonora personal desde que comencé a formar mis gustos musicales. 

Crecí oyendo a Sabbath y a Ozzy en cassette, en vinilo, cd, mp3, plataformas y ahora en streaming. El concierto de despedida de Black Sabbath, el pasado 5 de julio en Villa Park, fue, además de un evento musical, un rito de cierre… un regreso a casa.

 

En Back To The Beginning, Sabbath volvió a Birmingham – donde nació la leyenda- con un montaje colosal y un lujo de cartel. Desde Metallica hasta Tool, desde Slayer -con Tom Araya potente y salvaje- hasta Gojira, pasando por el memorable duelo de baterías entre Chad Smith, Danny Carey y Travis Barker, todo se sintió como un homenaje sin fisuras. Y en el centro, él: Ozzy. Conmovido, envejecido, pero intacto en su entrega, con ganas de pararse a pesar de que su cuerpo no respondía, pero, la energía vital interna no se contenía, se veía en sus gestos y movimientos confinados.

 

El despliegue fue potente. Un estadio entero convertido en catedral del rock pesado, con Ozzy presidiendo desde su trono de calaveras. Fue conmovedor escuchar Mama I’m Coming Home, energizante el “all aboard” de  Crazy Train y nostálgicos los primeros acordes de War Pigs, cuando Sabbath completo subió por última vez. A sus 76 años, el “Príncipe de las Sombras” no se paró, pero sí se dejó el alma. Desde su silla, con los nudillos tatuados y el micrófono temblando entre las manos, cantó Paranoid como si fuera 1970. Y el mundo rockero coreó con él.

 

Pero si Ozzy es el rostro, Tony Iommi es el músculo, el esqueleto, el alma del sonido Sabbath. Aquel joven que, tras perder la punta de dos dedos en una fábrica de acero, redefinió la guitarra con riffs densos, afinaciones graves y una técnica forjada en la adversidad. En Villa Park, se mantuvo firme, mesurado pero cómplice, entregando una clase maestra de sobriedad y poder. Su forma de tocar es historia viva: sin él, el heavy metal no existiría como lo conocemos.

Iommi rindió homenaje a Ozzy con lo que mejor sabe hacer: tocar. Y con eso bastó. No necesitó discursos. Bastaron los acordes de Iron Man para abrir una grieta en el tiempo. 

 

Sabbath no ha sido sólo una banda sino una sonda, una broca tuneladora que rompió la montaña para abrir el camino de un género que jamás pasa de moda, porque no es una moda, sino, un estilo de vida.

 

Yo no estuve en Villa Park, pero sentí un nudo en la garganta al ver a Black Sabbath de nuevo juntos en el escenario. Gracias Ozzy, Tony, Geezer y Bill, su legado permanecerá por siempre jamás. 

 

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Marconi vs. Tesla

 Un 2 de julio de 1897, Guglielmo Marconi patentó la radio en Londres. Esa fecha pasó a la historia como el nacimiento oficial de un invento que transformaría el siglo XX. Pero la historia, podría ser injusta. En realidad, Nikola Tesla ya había patentado el principio de la radio años antes, en esa misma ciudad. Lo que siguió fue una de las controversias tecnológicas más emblemáticas de la historia de las telecomunicaciones: la disputa por la autoría de la radio.

 

Tesla no era solo un inventor brillante; era un visionario cuya vida osciló entre la genialidad y la marginación. Sus patentes sobre la transmisión inalámbrica de energía datan de 1897 y 1900, y su demostración pública en 1893 de los principios de la radio precedió por años a Marconi. Sin embargo, fue este último quien, con mayor respaldo comercial y político, logró apropiarse del mérito. Incluso recibió el Premio Nobel en 1909 por ello. La historia cuenta que Tesla, en cambio, murió solo, empobrecido, viendo desde la distancia cómo sus ideas eran explotadas por otros.

 

La Corte Suprema de Estados Unidos zanjó la discusión en 1943, seis meses después de la muerte de Tesla, reconociéndolo como el verdadero autor de la invención. Pero ya era tarde. Marconi ya era leyenda. Tesla seguía siendo un pie de página.

 

Detrás de esta disputa queda una pregunta vigente sobre cómo se reconoce la innovación. No basta con inventar algo antes que los demás; también hay que lograr que ese invento sea comprendido, defendido y adoptado. En ese sentido, Tesla fue más un explorador del futuro que un constructor de reputaciones. Su trayectoria recuerda que la historia de la tecnología no siempre avanza por líneas claras: a veces el mérito se retrasa, el crédito se dispersa y la justicia llega tarde.

 

La historia de Tesla y Marconi no es solo un pleito de patentes. Es también una lección sobre la importancia de proteger las ideas sin dejar de lado el contexto en que se desarrollan. El talento, la oportunidad y la persistencia juegan juntos, y no siempre en partes iguales. Tesla, aunque silencioso en vida, terminó dejando una huella profunda, no por la fortuna que acumuló, sino por las ideas que anticipó.

Hoy, cuando los avances tecnológicos van a un ritmo acelerado, vale la pena mirar atrás. El caso Tesla-Marconi recuerda que el reconocimiento de una invención no siempre coincide con su origen. Y que, a veces, la historia necesita tiempo para sintonizar la frecuencia correcta.

 

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martes, 17 de junio de 2025

Patrón de control

 En tiempos de plataformas y algoritmos, lo que se dice —y lo que se calla— en redes sociales revela más sobre el estado de la libertad informativa que cualquier comunicado editorial. El artículo ¿Cómo informan los periodistas cubanos desde sus perfiles de Facebook? (Castillo-Salina, Muñiz-Zúñiga y Alfonso-Rodríguez, 2025) es un estudio que analiza el uso que hacen los periodistas de Santiago de Cuba de sus perfiles personales en esta red social, y lo que este comportamiento refleja sobre el ejercicio del periodismo en un ecosistema mediático altamente controlado.

La principal conclusión del estudio es, cuando menos,  inquietante: existe una profunda disociación entre la agenda personal de los periodistas y la agenda informativa que publican en Facebook. Mientras que en sus perfiles predominan temas como la cultura, la historia y el deporte —tópicos seguros, neutros y compatibles con la línea editorial del Estado cubano—, las preocupaciones personales de estos periodistas, identificadas mediante entrevistas,se centran en asuntos de enorme gravedad cotidiana, como la alimentación, la escasez de energía o la bancarización. La vida real se vive de una manera, pero se publica de otra.

Este fenómeno no se explica únicamente por la censura directa. Los autores muestran cómo las prácticas informativas de los periodistas están marcadas por la autocensura, las restricciones tecnológicas, las políticas editoriales verticales e incluso la percepción de que Facebook es un canal "peligroso" por su propensión a difundir contenido crítico o directamente opositor. El estudio indica que, la mayoría de los periodistas evita interactuar con los comentarios, modera el contenido con cautela o restringe las reacciones de los usuarios. En algunos casos, eliminan mensajes que contienen críticas al gobierno o a sus instituciones. Facebook, que en otros contextos es una plataforma de conversación, en este caso se convierte en un escenario de representación unidireccional.

Este patrón de control tiene efectos preocupantes. La consecuencia más grave es que la ciudadanía queda expuesta a una versión suavizada de la realidad, sin acceso a información contrastada, crítica o cercana a sus verdaderas inquietudes. Lo que se proyectó como una herramienta para ampliar la pluralidad se transforma en un espacio para replicar los marcos oficiales.

Aunque el caso cubano tiene especificidades políticas y estructurales propias, la pregunta que plantea el estudio va más allá de sus fronteras: ¿puede haber periodismo público en plataformas privadas, regidas por algoritmos que favorecen lo viral sobre lo veraz? Incluso nuestro contexto democrático, se evidencian formas más sutiles de distorsión informativa. Periodistas que evitan ciertos temas por miedo a perder la pauta oficial o por temor a la reacción digital. Redacciones que priorizan el contenido "ligero" o sensacionalista para mantenerse a con rating en un mercado cada vez más competitivo.

El artículo cubano es, en el fondo, un espejo. No solo habla de los límites del periodismo en un sistema autoritario, sino de los desafíos globales de ejercer el periodismo en una era donde el control no siempre se impone desde arriba, sino que se filtra por los márgenes de la tecnología, la economía y el miedo.

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Encender los senidos.

 Imagine este momento: las luces bajan, el telón se abre, suena la primera nota y usted... está viendo todo a través de una pantalla. Es la escena común en la mayoría de los conciertos actuales. Miles de teléfonos móviles grabando lo mismo, mientras la experiencia en vivo se filtra entre píxeles y notificaciones.

 

No es casualidad que cada vez más artistas estén diciendo “basta”. Bob Dylan, Alicia Keys, Madonna, Jack White, Tool o Ghost, entre muchos otros, han pedido expresamente que los asistentes no usen el celular durante sus espectáculos. Recientemente, Enrique Bunbury lo expresó sin rodeos: “Limiten al mínimo el uso de los celulares y vivan la experiencia, no se arrepentirán”. Incluso Beyoncé pidió a sus fans no grabarla para poder ver sus rostros, no sus equipos de telefonía. No se trata de una moda pasajera, sino de un esfuerzo por rescatar lo esencial: la conexión real con el aquí y ahora.

 

Varios estudios confirman que esta práctica no es inofensiva. El uso constante del móvil genera dopamina, lo que alimenta la adicción y reduce la capacidad de concentración. La Universidad de Gotemburgo ha relacionado su uso excesivo con problemas de sueño, estrés e incluso síntomas depresivos. Además, investigaciones como la realizada por la Universidad de Fairfield sugieren que tomar fotos compulsivamente disminuye la capacidad del cerebro para recordar el momento, en lo que se conoce como “el efecto perjudicial de sacar fotos”.

 

En el entorno de los eventos culturales, esta desconexión digital está generando un cambio. Lugares emblemáticos como Berghain, en Berlín, o clubes españoles como re:club en Madrid o Látex Club en Valencia, han adoptado políticas “mobile-free” con alguna aceptación. La iniciativa busca devolver a los asistentes el protagonismo de la experiencia analógica, plena y multisensorial. No es una cruzada contra la tecnología, sino una apuesta por la presencia consciente.

La paradoja es: según una encuesta de Eventbrite, el 70% del público afirma sentirse molesto por la gente que graba durante un concierto, y un 81% comprende por qué a los artistas les puede incomodar. Sin embargo, la mayoría sigue haciéndolo. Debemos asumir esa responsabilidad. No todo momento necesita ser documentado para existir –al menos no en exceso-. 

 

Esto no significa dejar de registrar todo. Una o dos fotos para el recuerdo son comprensibles y humanas. Pero luego, convendría guardar la cámara. Observar, escuchar, moverse. Sentir la vibración del sonido en el pecho, la emoción colectiva que ninguna pantalla puede replicar. 

 

El desafío no es tecnológico, es humano: volver a habitar plenamente lo que sucede frente a nuestros ojos y así encender los sentidos.

 

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lunes, 2 de junio de 2025

Noticia-trampa

“#Nación. Madre de niño presuntamente abusado por Freddy Castellanos hizo grave denuncia contra docentes: ‘Si no comes, te llevo’.” – Semana.

“Es un alimento que comúnmente muchas personas ingieren, le contamos de cuál se trata en el primer comentario.” – El Tiempo.

 

Estas frases no son una excepción: son el síntoma de una tendencia que se está generalizando en el periodismo, incluso en los medios que se han considerado “serios”. Titulares que no informan, sino que atrapan; preguntas con respuestas diluidas, diseñadas para retener al lector. Lo llaman clickbait, pero deberíamos decirlo sin rodeos: es una trampa.

 

La lógica del clickbait es sencilla y peligrosa: no importa que la noticia sea clara, lo importante es que el usuario haga clic. Ya no interesa que el lector entienda lo que ocurre, sino que se quede el mayor tiempo posible en la página. La información deja de organizarse según su relevancia y empieza a estructurarse en función del suspenso que pueda generar antes de soltar la respuesta. El titular se convierte en carnada, y la noticia, en un juego de escondidas.

 

Este tipo de redacción no solo degrada el oficio periodístico: también es una falta de respeto al ciudadano. Obligar a una persona a buscar entre párrafos una respuesta que debería estar en la primera línea es manipulación. Es tratar al lector como una cifra más en una métrica digital, no como alguien con derecho a estar informado de forma clara, rápida y veraz.

 

Y lo más preocupante es que esta lógica no se limita al entretenimiento. También está contaminando la cobertura política, judicial y social. Incluso los temas más graves se disfrazan con titulares ambiguos, escandalosos, vacíos. Como advierte una investigación sobre el periodismo digital: “el clickbait ha alterado los criterios de jerarquización en la prensa radial y televisiva, pues todas las notas utilizan una estructura romboide [...], cuyo objetivo principal no es dar con objetividad la noticia, sino obligar al usuario a leerla.” La forma de contar la noticia se subordina así a la lógica de la permanencia, no de la información.

El periodismo debe recuperar su función esencial: informar. Eso implica estructurar las noticias con claridad, jerarquizar lo importante y evitar disfrazar los hechos con adornos o trampas. Implica confiar en que la realidad, por dura o compleja que sea, tiene suficiente peso para captar la atención del lector. Pero, sobre todo, implica respetar su inteligencia.

 

Si aspiramos a un periodismo que sirva a la democracia y no al algoritmo, el clic no puede valer más que el contenido.

 

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Cuando la prensa incomoda

Hay algo que los regímenes autoritarios no toleran: la prensa vigilante. El periodismo, por definición, es el antídoto más eficaz contra los abusos de poder, por eso, es incómodo para los dictadores en ciernes. Lo saben bien Daniel Ortega en Nicaragua, Nayib Bukele en El Salvador, y ahora, preocupantemente, lo empieza a demostrar Gustavo Petro en Colombia.

 

Veamos el caso de Ortega. Su ofensiva contra los medios ha sido despiadada: 54 medios cerrados, redacciones allanadas, periodistas encarcelados o forzados al exilio. Por su parte en El Salvador, Bukele ha instaurado un aparato propagandístico paralelo, hostil a los medios independientes, mientras refuerza el control estatal sobre la narrativa pública. Y ahora, en Colombia, Gustavo Petro sigue esa ruta con una estrategia más sutil -por ahora-pero no menos peligrosa.

 

En recientes intervenciones en cadena nacional, Petro no solo acusó a los medios de manipular las cifras de homicidios, sino que se presentó como víctima de censura y conspiraciones, utilizando el prime time de los canales privados para desplegar su mensaje personal. Lo paradójico es que, mientras denuncia ser censurado, impone por la fuerza sus alocuciones a medios que no son públicos. ¿No le basta con Canal Institucional, Señal Colombia, las emisoras públicas y los canales digitales de la Presidencia?

La incoherencia salta a la vista: Petro, que tanto critica a la empresa privada —y en particular a los medios—, ahora se vale de esas plataformas para aumentar su alcance con fines proselitistas. Una estrategia disfrazada de “informes institucionales”, pero cuyo verdadero objetivo es posicionar su figura y su narrativa, con recursos públicos y a costa de los derechos informativos de los ciudadanos.

 

Lo advertí hace tiempo en mis columnas y redes sociales, los medios correrían peligro. El presidente no defrauda, ahí va cumpliendo el manual para convertirse en tirano al pie de la letra.  

 

Cuando un gobierno ve a la prensa como enemiga, en lugar de como contrapeso, estamos ante una amenaza a la democracia. Y hoy esa advertencia cobra forma. Petro se vale de trampas legales y la vetusta reglamentación de medios que nos rige, para ocupar espacios informativos que deberían estar regidos por criterios periodísticos, no por las urgencias políticas del poder.

 

La captura de los medios públicos por parte del gobierno ya es vulgar. El intento de someter también a los privados, interrumpiendo su programación, en el horario estelar, para imponer una narrativa oficialista, es el siguiente paso. ¿Qué viene después? ¿El silenciamiento selectivo? ¿El uso de organismos del Estado para disciplinar a las voces críticas? La historia latinoamericana está llena de precedentes, y ninguno terminó bien.

 

Los ciudadanos debemos estar alertas. Una prensa libre es la que incomoda, y en todo caso, no es una concesión del poder, sino, un derecho de la sociedad

 

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RADIO-grafía II

La Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) ha publicado un proyecto de resolución con el que busca actualizar las condiciones del servicio de radiodifusión sonora en Colombia. A primera vista, parece un intento loable por responder a las transformaciones del ecosistema mediático. Sin embargo, una lectura crítica deja ver que se trata más de una reorganización normativa, que de una reforma prospectiva. Lejos de proponer un cambio de fondo, la resolución compila lo establecido en la Resolución 2614 de 2022 del MinTIC, armoniza conceptos ya existentes, sin comprometerse con una transformación estructural. 

 

El documento reconoce, dientes para afuera, la urgencia de adecuar el marco normativo a un entorno digital y convergente. Sin embargo, no establece una hoja de ruta concreta hacia la digitalización de la radio terrestre ni menciona incentivos reales para que las emisoras locales o comunitarias puedan migrar tecnológicamente. La palabra “digital” aparece como promesa, no como política.

 

Más preocupante aún es la persistencia de un marco regulatorio asimétrico frente a los actores que compiten por la atención y la publicidad del oyente. Mientras las emisoras deben cumplir con licencias, requisitos técnicos y cargas administrativas, plataformas como Spotify, YouTube o los pódcast operan al margen de esa normativa. Sin embargo, el problema no se resuelve simplemente extendiendo la regulación tradicional a las OTT. Hacerlo sería desconocer la lógica misma de internet en detrimento del desarrollo tecnológico y sus formas narrativas. El verdadero reto es pensar un nuevo marco que reconozca la especificidad de cada actor, sin poner en desventaja a quienes operan desde lo local ni permitir que los gigantes digitales compitan sin reglas claras.

Tampoco hay mecanismos efectivos que reconozcan el rol social de la radio local. Aunque el informe técnico que acompañó la propuesta destaca que el 96% de las emisoras tienen cobertura exclusivamente local, el nuevo texto normativo no incluye criterios diferenciados de protección o fomento para este tipo de medios. 

 

Lo que la resolución propone, en esencia, es una reorganización de términos y condiciones sin comprometerse con una transformación profunda. No proyecta el camino hacia la radio digital terrestreMientras en otros países ya han avanzado con normativas y planes de migración tecnológicacomo el uso del estándar DAB+ en Europa o ISDB-TSB en Brasil, Argentina, Chile solo por mencionar algunos de este lado del planeta, en Colombia la digitalización del transporte de señ apenas se menciona en un proyecto de “actualización normativa” en el que, en realidad, se refuerzan procedimientos administrativos, se introducen precisiones formales, pero se elude el debate estructural sobre el lugar que debe ocupar la radio en la era digital.

 

Infortunadamente los medios solo le importan a los gobernantes como amplificadores de su mensaje político.

 

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RADIO-grafía

En medio de la expansión de plataformas digitales, donde la atención se fragmenta entre redes sociales, pódcast y música por streaming, la radio en Colombia sigue resistiendo. Pero esa resistencia no es sinónimo de estabilidad. El más reciente estudio técnico publicado por la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) ofrece una mirada del estado actual de la radiodifusión sonora en el país, revelando un medio que se encuentra en una encrucijada entre la tradición y la urgencia de modernización.

Uno de los datos más reveladores del documento es que el 96% de las emisoras en el país tienen cobertura exclusivamente local. Esto confirma lo que muchos intuimos: la radio sigue siendo, ante todo, un medio de cercanía. En las regiones más apartadas del país, donde el acceso a internet es limitado o inestable, la radio continúa siendo un canal fundamental para acceder a la información, la cultura y el entretenimiento.

En términos de tecnología, el predominio de la frecuencia modulada (FM) es evidente. El 60% de los concesionarios opera exclusivamente con esta tecnología, mientras que solo un 2,6% mantiene transmisiones únicamente en amplitud modulada (AM), una tecnología que lentamente se desvanece. Un 7,4% combina ambas modalidades. Esta transición, aunque natural, deja preguntas sobre el destino de las emisoras más rezagadas tecnológicamente, muchas de ellas con vocación comunitaria o cultural.

 

El documento también subraya una de las principales tensiones del sector: la asimetría entre la radio tradicional y los servicios de audio en línea. Mientras las emisoras deben obtener licencias, cumplir con requisitos técnicos y asumir obligaciones legales, plataformas como Spotify, YouTube o los pódcast operan sin ese marco regulatorio. Esto desequilibra la competencia y pone en riesgo la sostenibilidad de muchas emisoras, especialmente las pequeñas o regionales.

 

Desde el punto de vista económico, según la CRC, el panorama también es desigual. Aunque la radio aún capta una fracción de la inversión publicitaria, los ingresos se concentran en pocas emisoras de gran alcance. Las radios locales, a pesar de su importancia social, sobreviven con presupuestos reducidos y escasas posibilidades de innovación tecnológica o expansión de su audiencia.

 

El comportamiento de los oyentes ha sido notablemente estable. A lo largo de los últimos tres años, la preferencia por emisoras locales ha persistido, lo que demuestra que, más allá de las modas digitales, hay un público que sigue valorando la conexión territorial que ofrece la radio.

 

Respecto a la evolución del medio, el documento técnico publicado por la CRC reconoce la importancia de la radio digital terrestre, pero también deja claro que no existe una hoja de ruta concreta en Colombia. Lo plantea como una necesidad futura, dependiente de condiciones económicas, regulatorias y sociales que aún no se han resuelto.

 

En la próxima columna, analizaremos qué propone la nueva regulación de la CRC y si efectivamente busca modernizar la radio para beneficio colectivo, o si abre la puerta a otras agendas.

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miércoles, 16 de abril de 2025

Defensa del silencio y el foco

Vivimos en una época donde se ha vuelto sospechoso detenerse a pensar. La productividad se mide por la cantidad de tareas simultáneas que podemos realizar, no por la calidad del pensamiento que podemos generar. Frente a esta lógica de la prisa y la fragmentación, vale la pena preguntarse: ¿qué espacio le estamos dando al pensamiento profundo?

 

La pedagogía nos ofrece pistas. Un artículo clásico del ERIC Digest, escrito por Robert J. Stahl, destaca cómo pausas de apenas tres segundos después de una pregunta en clase —el llamado think-time— pueden mejorar radicalmente la calidad de las respuestas estudiantiles. Más reflexión, más precisión, más aprendizaje. Lo mismo ocurre con los docentes: al callar un momento, sus preguntas mejoran, se abren al diálogo, y dejan de ser simples disparadores para convertirse en invitaciones al pensamiento.

 

Ese gesto mínimo —guardar silencio— apunta a algo mayor: la necesidad vital de pensar sin interrupciones, de concentrarnos en una sola cosa, aunque sea por breves instantes. En un mundo saturado de notificaciones, es casi una osadía.

 

Aquí entra en juego el concepto de ocio vital, entendido no como pasatiempo vacío, sino como tiempo necesario para la contemplación, el análisis y la construcción de sentido. Sin ocio, no hay reflexión. Sin reflexión, no hay decisiones. Pero no se trata de romantizar la quietud. El ocio, si se vuelve eterno, puede derivar en evasión o en letargo.

 

Y confieso algo: escribo esto desde la contradicción. Soy impaciente, y a veces ansioso. Me gusta resolver las cosas rápido, moverme rápido, pensar rápido. Pero he aprendido —a las malas— que ser veloz no es lo mismo que vivir en piloto automático, y que se puede actuar con agilidad sin renunciar a la lucidez. Pensar no significa ir lento. Significa ir con sentido.

 

Tal vez no necesitamos más pausas eternas, sino pequeños silencios bien colocados. Como ese segundo antes de contestar un mensaje, antes de dar una clase, antes de decir lo primero que se nos ocurre.

 

Tres segundos. A veces, eso basta.

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RTVC de todos

Es inaceptable que los medios públicos, que pertenecen a toda la nación, sean utilizados para promover la ideología del mandatario colombiano, como evidenció el homenaje de RTVC a alias Tirofijo, encabezado por un fanático de izquierda con credencial de periodista. Gustavo Petro fue electo presidente con 11.281.013 votos (50,44 %), mientras que Rodolfo Hernández obtuvo 10.580.412 (47,31 %).La abstención alcanzó el 41,8 %, y sumando los votos en blanco y nulos, queda claro que una parte importante de los colombianos no se ve representada en Petro ni en su proyecto político. 

El homenaje al fundador de las Farc ha avivado el debate sobre el uso de los medios públicos en Colombia. En teoría, estos deben servir a la ciudadanía con información imparcial y pluralista, garantizando el derecho a la información y promoviendo el debate público. Sin embargo, RTVC ha sido convertido por Hollman Morris en un instrumento de propaganda oficialista.

Los medios estatales deben ofrecer información veraz y garantizar un debate que refleje la diversidad de opiniones. Según el Reuters Institute, los medios financiados por el Estado deben actuar con independencia editorial y compromiso con la verdad. RTVC nació para fortalecer la información cultural, educativa y de interés público, pero su actual dirección ha desviado ese propósito.

Bajo la gestión de Morris, RTVC ha dejado de ser un medio público para convertirse en una máquina de propaganda gubernamental. La exaltación de figuras como Tirofijo es un intento de reescribir la historia bajo una óptica ideológica, distorsionando la memoria del país y marginando otras perspectivas. Este uso indebido de los medios estatales evidencia su captura por el oficialismo, desdibujando la línea entre lo público y lo propagandístico.

RTVC pertenece a todos los colombianos, no solo a quienes apoyan al gobierno de turno. La democracia exige que los medios financiados con recursos públicos reflejen la diversidad del país, en lugar de convertirse en herramientas ideológicas. Modelos internacionales como la BBC garantizan su independencia con regulaciones que limitan la influencia gubernamental. En Colombia, en cambio, RTVC se ha reducido a una caja de resonancia petrista, debilitando su credibilidad.

La financiación de estos medios proviene de los impuestos de todos, por lo que su contenido debe representar a la totalidad de la sociedad y no solo a un sector específico. La falta de diversidad en RTVC, tanto en contenidos como en talento al aire y equipo de producción, traiciona su mandato original y erosiona la confianza del público. 

La propaganda disfrazada de “faro de la verdad” como la tildó Petro, atenta contra la democracia. Ojalá los otrora críticos (por mucho menos) de administraciones anteriores de RTVC, levanten la voz igual que lo hicieron con Bieri, por ejemplo;a quien yo también increpé y celebre su defenestración. 

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Más que rimas

Me gusta decirle a mis estudiantes que al referirme a Aristóteles debo hacer la venia, porque fue un genio que mantiene vivos sus conceptos vigentes en tantas cosas de nuestro día a día. La poesía, que celebra su día mañana 21, no es la excepción.  Para Aristóteles, poiesis era el acto fundamental de la creación, la capacidad humana de dar existencia a algo que antes no estaba. No se limitaba a la poesía, sino que abarcaba todas las formas de producción artística y material, desde la escultura hasta la arquitectura. En su Poética, sin embargo, definió una forma específica de poiesis: la poesía, entendida como una imitación (mímesis) de la realidad, no en su forma literal, sino en sus posibilidades.

 

La fecha que celebramos mañana nos convoca sobre el significado de esta forma de arte y su lugar en el mundo contemporáneo. A lo largo de los siglos, el término "poesía" se desligó de la poiesis en su sentido amplio y quedó reservado para el arte de la palabra, especialmente en su forma versificada. La poesía es la esencia creadoraes, ante todo, un acto de transformación. Hoy, aunque la poesía ha cambiado de formas y canales, su función sigue siendo la misma: dar sentido a lo que nos rodea, capturar lo indecible y desafiar los límites del lenguaje.

 

La poesía no solo nombra, sino que también sugiere, evoca y deja espacio al misterio. En su esencia creadora, no siempre busca atrapar la realidad, sino dejar que esta fluya sin ataduras. Así lo expresa Bibiana Bernal en su poema, donde el silencio y la contemplación se convierten en actos poéticos en sí mismos:

 

Silencio

Ni escribir sobre pájaros

ni fotografiarlos.

Solo asistir a su vuelo.

Abandonar la vana intención

de eternizarlos en la palabra y la imagen.

Perpetuarse en la fugacidad

de su travesía por la mirada.

Callar, con las manos y con los ojos.

Callarno para fingir el silencio

que dejan a su paso

sino para serlo.

Con la poesía celebremos la capacidad humana de crear y de reflejar el mundo, como lo dijo Octavio Paz “La poesía no es un documento, sino una creación.

 

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El Ritual de la luz

El pasado jueves 7 de marzo, la luz volvió a brillar en el interior del Teatro Román en Pijao. Tras décadas de abandono, el emblemático escenario de este maravilloso municipio del Quindío reabrió sus puertas, devolviendo a la comunidad un espacio que alguna vez fue el alma cultural del pueblo. No se trata solo de materiales de construcción –que también y aún falta mucho-, sino de la recuperación de un ritual, de una memoria colectiva que había permanecido en pausa desde el terremoto de 1999 y la llegada de las tecnologías digitales que desplazaron el cine en 35mm.

 

Asistir a una sala de cine no es solo ver una película. Es atravesar un umbral que nos separa de la cotidianidad, sumergirnos en la penumbra compartida de un auditorio donde la historia de la pantalla se entrelaza con la de quienes la observan. Así lo explica la teoría del cine como ritual de comunión y separación: primero abandonamos nuestro mundo exterior, luego nos sumimos en la experiencia colectiva de la proyección y finalmente regresamos transformados. Este ciclo, que en otros lugares sigue resistiendo la era del streaming, en Pijao había sido interrumpido por más de dos décadas. Hasta ahora.

 

El Teatro Román fue más que un cine. Durante mucho tiempo, sus butacas fueron testigo de romances juveniles, de reuniones familiares, de carcajadas y sustos compartidos. Don Gustavo Toro, su administrador y doliente de toda la vida, contó en el documental 'Cinema Nostalgia' de Angélica Aranda Toro que, en una de las proyecciones de las muy apreciadas películas de vaqueros, un espectador desenfundó su revólver y disparó contra la pantalla, respondiendo a las amenazas de los galanes cinematográficos. Una anécdota surreal comparable con la conmoción causada en la sala del Salón Indio del Gran Café de París, por el tren de los Lumiere

 

Además de proyectar películas en 35mm,el Teatro Román albergó conciertos, obras de teatro y encuentros sociales que crearon el tejido cultural de la comunidad. Luego vinieron los golpes de la historia: el sismo que resquebrajó su estructura y la violencia, que dejó suhuella en sus paredes. Lo que una vez fue un centro de diversión del pueblo se lo fue comiendo el polvo y los escombros.

 

La reapertura de este espacio es, en ese sentido, un acto de resiliencia y de reencuentro. No solo con el cine, sino con la posibilidad de experimentar juntos la magia de las artes. En un mundo donde la individualización del consumo audiovisual ha desdibujado la experiencia colectiva, recuperar un teatro es reivindicar la importancia de lo compartido. La Fundación del Toro, impulsora de esta restauración, lo entiende bien: además de devolverle la vida al edificio -que no es una casa adaptada, sino un espacio construido para ser un teatro a la italiana-, busca devolverle a Pijao un centro de expresión artística y cultural.

 

La luz que se encendió en el Teatro Román el pasado jueves fue más que el titilar de un proyector que desveló la película Mateo para una sala llenaes el reto de un grupo de personas que están convencidas de que la cultura necesita de la colectividad para existir. Y en Pijao, después de 25 años, ese ritual ha comenzado de nuevo.

 

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Con la plata de la Tv

El escándalo del "Concierto de la Esperanza" ha puesto en evidencia un problema estructural en la administración de los recursos de la televisión pública en Colombia, apropósito de que ‘cogieron’ los canales de centrales de medios e intermediarios logísticos. En un país donde la producción audiovisual recibe presupuestos ajustados, el Gobierno decidió gastar cerca de 4.000 millones de pesos en un evento de un solo día, disfrazado de iniciativa cultural, pero que en realidad parece un acto de propaganda política financiado con recursos de todos los colombianos.

 

El dato que más ha indignado es la desproporción en la asignación de los recursos: mientras el artista internacional Residente hubiera recibido más de 2.185 millones de pesos por su presentación, los artistas nacionales apenas habrían sido contemplados con un presupuesto irrisorio, menor al 4% de lo que se pagaría por el puertorriqueño. 

 

Este desprecio por el talento local no solo es indignante, sino que también refuerza la idea de que en Colombia la cultura solo es relevante cuando sirve a intereses políticos.

La televisión pública tiene una razón de ser clara en el presupuesto nacional: debe garantizar la difusión de contenidos educativos, culturales y periodísticos que refuercen la identidad y el debate público. Sin embargo, RTVC y su gerente, Hollman Morris, han optado por financiar eventos de alto costoque no tienen relación alguna con la producción audiovisual, con la plata de la tv

 

En varios espacios mediáticos Morris salió a argumentar que ese dinero no se podía destinar para cubrir las necesidades del pueblo colombiano como salud, educación, etc, puesto que tiene destinación específica -argumento que comparto- sin embargo. Tampoco debería malgastarse en un evento que proporciona contenido para las pantallas y canales de RTVC por unas horas y nada más. Esto demuestra también desprecio por una industria que clama por recursos para ejecutar sus historias. ¿Cuántas series, documentales y programas unitarios se pueden hacer con casi 4 mil millones de pesos? Contenido que puede ser reemitido y compartido con otros canales de la televisión pública regional y que, como si fuera poco, podría ayudar a crecer las casas productoras audiovisuales nacionales y no a un mega empresario de eventos.  

 

No sorprende, entonces, que Residente haya decidido cancelar su presentación, declarando que no tenía suficiente información sobre el evento y que el dinero podría utilizarse para apoyar a los artistas colombianos.

 

Más allá del derroche, este episodio evidencia una estrategia politiquera y manipuladora de la cultura para fines ideológicos. La selección de Residente, un artista con posiciones alineadas con el Gobierno, y la defensa del evento por parte de Morris, quien acusó de "fascistas" a quienes criticaron el gasto, dejan claro que este concierto no es un simple evento cultural, sino un mitin disfrazado de espectáculo gratuito.

 

El mensaje detrás de esta decisión es claro: la televisión pública en Colombia no está al servicio del público, sino de la conveniencia política del Gobierno.

 

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